Bienvenidos a la primera entrada de este blog. Como ya he dicho, aquí expreso mis ideas acerca de algunos modelos. El otro día, reflexionando sobre el diseño de algunos coches, me fijé en el Ford Focus por una razón: Su diseño.
El Focus salió al mercado en 1998, aunque apareció por primera vez en el Salón del Automovil de Ginebra en 1991.Hablo de diseño por esto: vamos a compararlo con otros coches de ese año:
El Renault Clio tuvo un restyling radical (si lo comparamos con el anterior).
El Citroen Xsara. El campeonato de rallyes subió mucho su caché.
El Peugeot 206; nadie se había atrevido con tan pocas líneas rectas en la carrocería hasta entonces.
Por aquel entonces, los franceses dominaban el sector de los coches para el pueblo, seguidos de los alemanes (Opel Corsa, Volkswagen Golf...).
En Ford también querían imponerse en el mercado de utilitarios (el Fiesta no era suficiente), pero tenían que quitarse a los 'gabachos' de en medio. ¿Cómo? Tendrían que hacer algo para llamar la atención de los clientes, y, al sacar el Focus, lo apostaron todo al rojo.
Primero, la parte delantera. Como podeis ver en los coches franceses, el diseño de los faros parte de un círculo. Es decir, no tienen ángulos rectos, pero al dpto. de diseño de Ford se le ocurrió copiarle al Ka los faros con forma de triángulo y adaptarlos al Focus. Brillante.
Pero donde apostaron a uno contra mil fue en la parte trasera. Todos (o casi) los coches de entonces llevaban los faros traseros a la altura de la matrícula, por debajo de la luna trasera. Pero al diseñador se le ocurrió romper las reglas, y los puso a la altura de la luna trasera. Insólito.
Ningún otro coche había tenido los faros traseros ahí. El Focus fue el primero. Y le salió tan bien que hoy en día es un icono de Ford. De aquí he sacado una moraleja: romper los moldes no siempre está mal.





