martes, 24 de septiembre de 2013

"Coches" modernos

El otro día tuve el placer de conducir un Hyundai i30 (2012) durante varios kilómetros. Hacía ya varias semanas que no me sentaba al volante de algo, y la idea de conducir un coche tan reciente me entusiasmó. Ya había manejado antes un Volkswagen Golf VI, pero desde hace tiempo que conduzco una furgoneta Fiat Scudo Combinato del 2000.

Hyundai i30 '12
Me bastaron diez metros para darme cuenta de que el coche iba tan suave como un carrito de bebés sobre una carretera recién asfaltada. Bastaba apoyar un poco el pie en el acelerador para poner el motor a 2000 revoluciones. Y el cambio de marchas era semejante: un sutil movimiento del pie izquierdo bastaba para pisar el embrague a fondo, para después mover la palanca de cambios con la fuerza de un suspiro. Para terminar la maniobra, da igual con qué brusquedad se soltase el embrague; al coche parecía darle igual. Si no fuera por el ligero ruido del motor (se podía entablar una conversación sin levantar la voz incluso con el motor  a 3000rpm) el pasajero no notaría en absoluto el cambio de marcha. Al igual que el resto de mecanismos, el volante era muy suave; creo que la rueda de control del volumen estaba más dura. Y los frenos podían ser igual de suaves (me faltó práctica en ese aspecto). Durante todo el trayecto parecía que iba sobre una nube.

Cuando estaba llegando a mi destino, pensé “Éste es el futuro del automóvil.”

Nunca he aparcado un coche con tanta facilidad. Cuando me bajé del coche volví a pensar “El futuro del automóvil.”. Pero a medida que me alejaba del coche, mis ideas iban cambiando. “Qué fácil de conducir.”. “No necesitaría esa maña que hace falta para conducir la ‘furgo’.”. “Si casi parecía que no lo conducía; eso por un lado te permite estar más atento a la carretera.”. “Pero por otro lado ha sido hasta aburrido. Me pregunto por qué.”.

Alguna vez, estando en casa, me ha apetecido jugar a un juego de carreras con el volante analógico. “Será casi como conducir un coche de verdad” suelo pensar cuando lo estoy instalando. Al cabo de media hora vuelvo a meterlo en su caja porque ya me había aburrido de él. “Tengo las mismas sensaciones que con el mando; es más, el mando vibra cuando pisas el piano.”. Conducir el Hyundai ha sido algo parecido.

Al estar al volante del i30 parecía que estaba en un simulador. Cuando cambiaba de marchas, no se sentía ni en el coche ni en la palanca, sea cual sea el cambio, como con el volante analógico. La fuerza que le aplicabas al volante para girarlo era la misma a 10 km/h que a 100 km/h, como con el volante analógico. Y los pedales, más de lo mismo.

Fiat Scudo Combinato '00
Entonces me di cuenta de que echaba de menos el ronroneo del motor cuando iba justo de fuerzas. Y echaba de menos la ligera resistencia que ofrecen las primeras direcciones asistidas cuando intentas aparcar. Y echaba de menos la sensación de que la palanca de cambios está conectada a un mecanismo de engranajes. Echaba de menos ‘conducir’, o sea, manejar algo de 1200 kgs de peso y 90CV de potencia. Me pareció que al Hyundai le faltaba ser más ‘coche’ y menos ‘moderno’. Pero me volvió a la cabeza la frase de antes: “Éste es el futuro del automóvil.”. 

Un futuro en el que la esencia de la frase “conducir un coche” se ve doblegada por las asistencias eléctricas. Claro que será mucho más fácil, y más cómodo, pero al final será como jugar a la ‘play’.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Ford Focus

     Bienvenidos a la primera entrada de este blog. Como ya he dicho, aquí expreso mis ideas acerca de algunos modelos. El otro día, reflexionando sobre el diseño de algunos coches, me fijé en el Ford Focus por una razón: Su diseño.



     El Focus salió al mercado en 1998, aunque apareció por primera vez en el Salón del Automovil de Ginebra en 1991.Hablo de diseño por esto: vamos a compararlo con otros coches de ese año:

 El Renault Clio tuvo un restyling radical (si lo comparamos con el anterior).



 El Citroen Xsara. El campeonato de rallyes subió mucho su caché.




 El Peugeot 206; nadie se había atrevido con tan pocas líneas rectas en la carrocería hasta entonces.





     Por aquel entonces, los franceses dominaban el sector de los coches para el pueblo, seguidos de los alemanes (Opel Corsa, Volkswagen Golf...).

     En Ford también querían imponerse en el mercado de utilitarios (el Fiesta no era suficiente), pero tenían que quitarse a los 'gabachos' de en medio. ¿Cómo? Tendrían que hacer algo para llamar la atención de los clientes, y, al sacar el Focus, lo apostaron todo al rojo.

     Primero, la parte delantera. Como podeis ver en los coches franceses, el diseño de los faros parte de un círculo. Es decir, no tienen ángulos rectos, pero al dpto. de diseño de Ford se le ocurrió copiarle al Ka los faros con forma de triángulo y adaptarlos al Focus. Brillante.
 
     Pero donde apostaron a uno contra mil fue en la parte trasera. Todos (o casi) los coches de entonces llevaban los faros traseros a la altura de la matrícula, por debajo de la luna trasera. Pero al diseñador se le ocurrió romper las reglas, y los puso a la altura de la luna trasera. Insólito.


     Ningún otro coche había tenido los faros traseros ahí. El Focus fue el primero. Y le salió tan bien que hoy en día es un icono de Ford. De aquí he sacado una moraleja: romper los moldes no siempre está mal.