El otro día tuve el
placer de conducir un Hyundai i30 (2012) durante varios kilómetros. Hacía ya
varias semanas que no me sentaba al volante de algo, y la idea de conducir un
coche tan reciente me entusiasmó. Ya había manejado antes un
Volkswagen Golf VI, pero desde hace tiempo que conduzco una furgoneta Fiat
Scudo Combinato del 2000.
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| Hyundai i30 '12 |
Me bastaron diez metros para darme
cuenta de que el coche iba tan suave como un carrito de bebés sobre una
carretera recién asfaltada. Bastaba apoyar un poco el pie en el acelerador para
poner el motor a 2000 revoluciones. Y el cambio de marchas era semejante: un
sutil movimiento del pie izquierdo bastaba para pisar el embrague a fondo, para
después mover la palanca de cambios con la fuerza de un suspiro. Para terminar
la maniobra, da igual con qué brusquedad se soltase el embrague; al coche
parecía darle igual. Si no fuera por el ligero ruido del motor (se podía
entablar una conversación sin levantar la voz incluso con el motor a 3000rpm) el pasajero no notaría en absoluto
el cambio de marcha. Al igual que el resto de mecanismos, el volante era muy
suave; creo que la rueda de control del volumen estaba más dura. Y los frenos
podían ser igual de suaves (me faltó práctica en ese aspecto). Durante todo el
trayecto parecía que iba sobre una nube.
Cuando estaba llegando a mi destino,
pensé “Éste es el futuro del automóvil.”
Nunca he aparcado un coche con tanta
facilidad. Cuando me bajé del coche volví a pensar “El futuro del automóvil.”.
Pero a medida que me alejaba del coche, mis ideas iban cambiando. “Qué fácil de
conducir.”. “No necesitaría esa maña que hace falta para conducir la ‘furgo’.”.
“Si casi parecía que no lo conducía; eso por un lado te permite estar más
atento a la carretera.”. “Pero por otro lado ha sido hasta aburrido. Me
pregunto por qué.”.
Alguna vez, estando en casa, me ha
apetecido jugar a un juego de carreras con el volante analógico. “Será casi
como conducir un coche de verdad” suelo pensar cuando lo estoy instalando. Al cabo
de media hora vuelvo a meterlo en su caja porque ya me había aburrido de él. “Tengo
las mismas sensaciones que con el mando; es más, el mando vibra cuando pisas el
piano.”. Conducir el Hyundai ha sido algo parecido.
Al estar al volante del i30 parecía
que estaba en un simulador. Cuando cambiaba de marchas, no se sentía ni en el
coche ni en la palanca, sea cual sea el cambio, como con el volante analógico.
La fuerza que le aplicabas al volante para girarlo era la misma a 10 km/h que a
100 km/h, como con el volante analógico. Y los pedales, más de lo mismo.
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| Fiat Scudo Combinato '00 |
Entonces me di cuenta de que echaba
de menos el ronroneo del motor cuando iba justo de fuerzas. Y echaba de menos
la ligera resistencia que ofrecen las primeras direcciones asistidas cuando
intentas aparcar. Y echaba de menos la sensación de que la palanca de cambios
está conectada a un mecanismo de engranajes. Echaba de menos ‘conducir’, o sea,
manejar algo de 1200 kgs de peso y 90CV de potencia. Me pareció que al Hyundai
le faltaba ser más ‘coche’ y menos ‘moderno’. Pero me volvió a la cabeza la
frase de antes: “Éste es el futuro del automóvil.”.
Un futuro en el que la
esencia de la frase “conducir un coche” se ve doblegada por las asistencias
eléctricas. Claro que será mucho más fácil, y más cómodo, pero al final será
como jugar a la ‘play’.
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